domingo 6 de febrero de 2011

El culto al crecimiento

Relata Pierre Rabhi en varios libros suyos (por ejemplo, en “Graines de posible[1]) la anécdota siguiente (la traducción al castellano es mía): En un pueblo africano, unos cultivadores prueban los abonos químicos. La tierra dopada produce abundantemente. Encantados por los resultados, van a ver al anciano del pueblo diciendo : “Sabes, en esta parcela, con el polvo de los Blancos, hemos doblado las cosechas”. El viejo entonces responde : ”Estoy feliz por vosotros. Así, el año que viene, solo tendréis que cultivar la mitad del campo.”.

Aparte de la relación con el tema de la agricultura química y de sus posibles beneficios y perjuicios, está anécdota es muy relevante de nuestra relación con la novedad y el cambio, como le hemos hecho frente en la historia y lo que hemos llegado a llamar crecimiento y progreso. Los ejemplos abundan. Podríamos hablar del paso del Paleolítico a Neolítico con la generalización del sedentarismo y de la agricultura. Podríamos hablar de la introducción de la máquina de vapor o de la generalización del uso del petróleo. En todos esos casos, un posible cambio se presenta ante los humanos, en general debido a un invento o un descubrimiento. Un cambio, pero en general varias alternativas aunque parece que siempre se escoja la misma.
Cojamos un ejemplo simbólico que no tiene intención de ser realista o histórico. Imaginemos un pueblo de cazadores donde un cierto número de cazadores pueden alimentar todo el grupo de forma más o menos regular y sin mayor dificultades que unas ciertas horas de dedicación al mismo tiempo que otras personas del pueblo se dedican a tareas domesticas (alojamiento, cocina, etc.) No tienen riquezas, pero tampoco necesidades que no sean cubiertas. Un día se descubre el arco, y que su uso permite a cada cazador alimentar el doble de personas. ¿Cuáles son las alternativas?
  1. Los cazadores dedican la mitad del tiempo a su actividad y tienen más tiempo para descansar y para el ocio.
  2. Los mismos cazadores continúan su actividad, consiguiendo el doble de comida.  A raíz de conseguir más presas, pueden aumentar la población, pueden acumular comida y tener reservas (aunque con la caza pude ser difícil y en particular debido a que los recolectores/cazadores tienen buenos resultados por ser nómadas, y los movimientos impiden la creación de reservas).
  3. La mitad de los cazadores dedican el mismo tiempo de antes, y la otra mitad esta en el paro y ya no se pueden beneficiar de los distintos beneficios de ser parte del grupo (alojamiento, ropa, etc.)
La segunda alternativa lleva a muchas posibles consecuencias a raíz de tener más comida disponible.  Al no poder almacenarla de forma sencilla, pueden inventar el comercio por el cual en cambio de su comida consiguen algo que llamaremos “dinero” (pero vender a quien, visto que los pueblos cercanos estarán en la misma situación inicial de falta de necesidades) y que a su vez se puede acumular/repartir o usar para comprar otras cosas (pero cuales, porque antes de inventar el arco no tenían necesidades particulares, así que habrá que “inventar” necesidades).
Está claro que en la Historia humana nunca se ha elegido la alternativa 1 sino siempre la alternativa 2 y más recientemente la alternativa 3.

Trabajar menos

Nunca un invento tecnológico ha significado una diminución del tiempo de trabajo. Hasta en la Edad de Piedra, donde se nos ha presentado siempre un hombre con miedo y hambre, parece que se trabajaba menos, como muestra Marshall Sahlins en “Edad de Piedra, Edad de Abundancia[2]” mostrando que en muchas sociedades “primitivas” se dedica de media 3 o 4 horas a lo que hoy se podría llamar trabajo. Nunca se ha elegido hacer uso de una novedad tecnológica para reducir la carga de trabajo. Eso es lo que une el Comunismo (su aplicación en la unión soviética) y el Capitalismo (su aplicación en el mundo occidental). Lo decía Paul Lafargue (yerno de Marx)  en su obra “Derecho a la Pereza[3], y es la base de los movimientos de decrecimiento. Al producir menos bienes no seremos menos feliz y por muchas razones. Primero, la mayoría de lo producido en realidad es innecesario (solo la mafia industrial lo ha hecho parecer necesario). Segundo, la producción de tantos bienes nos acaba siendo perjudicial (a nuestra calidad de vida, y a nuestro entorno). Y tercero, al dedicar menos tiempo a producir, tenemos más tiempo para lo demás (relaciones sociales, ocio, descanso, etc.)

Producir más

La mayoría de nuestra historia está hecha de la alternativa 2, con aumento de producción y con multitudes de sistemas para eliminar la original falta de necesidades: creación de necesidad con la moda, con la obsolescencia, y hasta con leyes y reglamentos cuando es necesario. Esta muy estudiado que las sociedades primitivas están produciendo menos que lo que podrían, sin que sea un factor tecnológico. Tienes reglas y ritos para evitar entrar en la espiral de la producción. Por lo contrario, en nuestra sociedad moderna, llevamos a lo máximo posible la producción, la extracción, la expoliación de los recursos, la destrucción. Como dice Paul Lafargue : Una extraña locura se ha apoderado de las clases obreras de los países en que reina la civilización capitalista. Esa locura es responsable de las miserias individuales y sociales que, desde hace dos siglos, torturan a la triste humanidad. Esa locura es el amor al trabajo, la pasión moribunda del trabajo, que llega hasta el agotamiento de las fuerzas vitales del individuo y de su prole. En vez de reaccionar contra tal aberración mental, los curas, los economistas y los moralistas, han sacrosantificado el trabajo.”
¿Entonces porque producir siempre más? Si al final no se necesita más. Como lo resume Marshall Shalins, , en nuestra sociedad moderna, hay más gente (en número pero también en proporción) que tiene hambre que hace 10 000 años. Me imagino que el principal beneficio de la tercera alternativa son sus consecuencias indirectas: la posibilidad de acumular y el final de la repartición justa. La creación de clases y la posibilidad para unos de acumular su provecho del trabajo de otros.

El trabajo como diferenciador social

La tercera alternativa se puede usar cuando la segunda no da más. De hecho, el desempleo es de creación reciente. Antes del siglo XX no existe este concepto, aunque en realidad no existe ni el concepto de empleo. Aun así, nadie que tenga capacidad se queda sin trabajar, por exclusión. Más recientemente, se ha “inventado” el desempleo:  si no se crea suficientemente necesidad para “ocupar” a todo el mundo, unos tendrán que resultar excluidos del trabajo y de la sociedad. Permite también tener más control sobre la población usando esa exclusión como espantapájaros: “los que no hacen lo que hay que hacer, acabareis sin empleo, y como hemos organizado la sociedad para que sin empleo no podáis sobrevivir, tendréis una vida muy difícil”. Otra forma de paro encubierto es la existencia de trabajos no productivos con menos remuneración o reconocimiento; lo justo para poder continuar a participar en el mecanismo producción-consumo, sin más.
Pero como con muchas otras cosas, uno de los mayores éxitos del productivismo capitalista es haber conseguido hacer creer a todo el mundo que no existen ninguna alternativa, que capitalismo es igual a economía, y que sus reglas son las mejores para regular y organizar nuestras sociedades. Pero para el que toma un poco de distancia, es fácil ver que existen alternativas aunque muchas no se hayan explorado nunca.
Santificamos nuestra ciencia y tecnología, cuando parece que las hemos desarrollado a costa de perder el saber y la sabiduría. Siempre miramos a las tribus primitivas como primitivas, arcaicas. Nosotros somos lo nuevo, le mejor, los que hemos evolucionado, progresado. Pero no tiene porque ser así. Esas tribus, en muchos casos (habrá excepciones igual que en nuestra sociedad no todo el mundo está convencido que sea mejor) no nos envidian nada. Hasta se empieza a estudiar como su organización social, su economía y su tecnología, que siempre hemos considerado arcaicas por falta de jerarquías, de jefes fuertes, y compuesta de vagos y perezosos, son en realidad adecuadas para sus fines reales que no son nada más que conseguir estabilidad, o como diríamos ahora sostenibilidad.


[1] http://www.amazon.fr/Graines-possibles-Regards-crois%C3%A9s-l%C3%A9cologie/dp/2702135897
[2] http://www.amazon.fr/pierre-dabondance-Economie-soci%C3%A9t%C3%A9s-primitives/dp/2070292851
[3] http://fr.wikisource.org/wiki/Le_Droit_%C3%A0_la_paresse

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