Todos los posibles riesgos sanitarios (para la salud humana al ingerirlos), medio ambientales (por la cantidad de productos químicos que son parte del proceso agro-industrial de uso de transgénicos), ecológicos (por la pérdida de biodiversidad) y sociales (por la destrucción de sistemas sociales basados en pequeñas fincas y productores) deberían en si ser razones suficientes para abandonar la carera hacia delante que suponen los transgénicos.
Aun así, el mayor riesgo de los transgénicos podría ser el proceso industrial que sostienen. Aunque los transgénicos no representen esos riesgos sanitarios, medio ambientales y ecológicos, aunque no representen riesgos para el hombre, para el entorno, para las otras especies de vida, aunque den los rendimientos mágicos que permitirían dar de comer a todo el mundo (y aunque ya sabemos que no hay problema de cantidad de comida, sino de repartición y acceso a ella) quedarían siendo indeseables los transgénicos.
Efectivamente, los transgénicos en su conjunto están diseñado no para dar mejor producción, ni producción de mejor calidad, en peores entornos, sino para expoliar el hombre de su capacidad agrícola que le fue regalada con la Tierra y que empezó a entender y manejar hace cientos de miles de años. Cada uno de nosotros es capaz de coger una semilla, plantarla, cuidarla un poco y cosechar.
Esa capacidad que se nos ha regalado es en realidad mucho más fácil que lo que parece. Evidentemente, no es un juego de niño plantar y cosechar de todo en cualquier sitio, momento y cantidad. Pero es mucho más fácil que lo que un hombre de la ciudad estándar se imagina (y seguramente se le habrá hecho pensar así de forma intencionada). Y esa capacidad es accesible a cualquiera. En nuestras latitudes, coger unas semillas de tomate, plantarlas y cosechar unos tomates es accesible a casi cualquiera y le generará seguramente una gran satisfacción además de la sorpresa de haberlo conseguido. A nosotros nos paso y estoy seguro que a cualquiera le pasaría.
Pues ese gesto milenario, que nos pertenece a todos, que es patrimonio de la humanidad (y me da igual que una administración como la UNESCO lo haya reconocido así o no), es lo que las multinacionales de los transgénicos quieren apropiarse y industrializar. Lo quieren bajo su control y monopolio. Esa temática es quizás la menos conocida de los transgénicos. Que sea solo de forma legal o también con soporte técnico, la empresa que provea de semillas transgénicas se guarda el derecho sobre las continuación del proceso de siembra. Prohíbe explícitamente al agricultor cosechar semillas y volverlas a plantar. Las semillas que las plantas habrán producidos (además de los frutos) son propiedad de la multinacional. En unos casos hasta se aseguran de eso codificando en el patrimonio de las semillas la infertilidad de las semillas producidas (imagínese que ese gen salte a otras especies).
Al principio, han dedicado muchos años de propaganda para hacer dependiente el agricultor de sus productos químicos. Por medio de la propaganda han hecho pensar a muchos que esos productos eran necesarios para poder obtener rendimientos y beneficios (y a veces esos productos matan tanto a la capa fértil de las fincas agrícolas que llega a ser cierto que no crezca nada sin esos aportes químicos). Ahora quieren ir un paso mas allá y que el agricultor dependa de ellos para las semillas. De la misma forma, se empieza por propaganda, información errónea sobre supuestas mejoras de productividad y correspondientes beneficios y al final cuando se destapará la mentira, será demasiado tarde. Ya la casi mayoría de los agricultores no sabrán plantar sus propias semillas, hasta será difícil encontrar esas semillas de producción agrícola que miles de años y agricultores han llegado a seleccionar. De aquí la importancia de los bancos de semillas[1] que se organizan en muchas zonas.
Ese es el verdadero objetivo de los productores de semillas transgénicas, y eso es también el verdadero riesgo de aceptar los transgénicos: quitarnos una parte de nuestra libertad y autonomía y hacer de ella un negocio por el medio de la industrialización.
Los transgénicos son puro negocio de las grandes corporaciones que nos venden que son el remedio para acabar con el hambre mundial y lo único que consiguen es acentuarla aún más.
ResponderSuprimirUn saludo.
Pues leyendo esto no sé si me cuadra mucho...
ResponderSuprimirLos transgénicos no son más que una sofisticación de una práctica tradicional que consiste en mezclar semillas para obtener especies más eficientes.
Cosas como hacer las semillas infértiles tienen TAMBIÉN la motivación de evitar que se crucen con otras especies.
En lo que sí que estoy de acuerdo es en que la obsesión por obtener cultivos más eficientes (ya sea mediante transgénicos o mediante cruces naturales) no es una buena idea. Esta práctica reduce el número de especies, de modo que, en el caso de que aparezca un hongo o cualquier cosa que ataque a la especie que se cultiva, puede llegar a ser una verdadera catástrofe (ver la hambruna de Irlanda, por ejemplo).
Desde la época de hambre en Etiopía sus agricultores cultivan muchas especies, con el objetivo de asegurar su alimentación a futuro.
Pero, eso sí, nada que ver con los transgénicos, sino más con la obsesión por las especies eficientes.
De verdad, por más que he leído por ahí sobre el tema, no veo exactamente cuál es el problema de los transgénicos frente al cruce de especies tradicional.
Javier Lafuente
Javier,
ResponderSuprimirla practica tradicional mejora una especie cruzando especies similares. Los transgenicos ponen un gen de un animal en un vegetal. Quizas no ves la diferencia, yo la veo.
Lo de hacer infertiles no tiene nada que ver con proteger. No seamos ingenuos. Es un negocio. Se hacen infertiles para que no puedas usar las semillas los años ulteriores. No seria un problema si todos eramos libres de elegir entre usar tradicionales y transgenicas y que el que compre trasnegnicas lo haga a conciencia sibieno las ventajs e inconvenienets. Pero no es asi. Se usan formas para obligar el uso de transgenicos.
Yo no tengo realmente problema con la tecnologia, sino con su uso, la industria y el gran negocio injusto que hay detras.
Entre las patentes, la infertilidad y el lobbie que incita y seduce con mentires sobre aumento de productividad, lo que se hace es obligar a usar algo. Se va a crear un monopolio radical y obligatorio.